Su territorio no está en el mapa, está en el rebozo. Camina con el niño al frente y el día en la mano, las pelotas son las fronteras de su mundo, casa, trabajo, infancia.
La geografía del cuidado no se mide. Se camina cada día, la obra traza un territorio invisible: el del cuidado diario.
No es geografía de tierra. Es geografía de pasos, de espera, de sostener.



