La dulce línea del tiempo, es una obra que nace de la memoria afectiva y de los gestos cotidianos que unen generaciones, inspirada en los tendederos de mi madre y mi abuela como metáfora de la vida.
La instalación, compuesta por siete obras horizontales, a través de los «tendederos», simboliza los roles, el paso del tiempo y el legado de mis ancestros femeninos a manera de línea del tiempo representando una década por obra. Su propósito es invitar al espectador a reconectar con sus recuerdos y reconocer el poder de la memoria amorosa que nos une a nuestra historia.


