En algunos momentos de nuestra vida nos atrevemos a ir un poco al fondo.
No a todos nos gusta; muchas veces tratamos de contener la respiración lo más que podemos para no hundirnos y estar a flote; creemos que es peligroso, queremos evitar llegar a esa parte oscura; nos da la sensación que ahí ya no hay oxígeno, que quien sabe que extrañas criaturas podemos encontrar; además seguro ahí están esas memorias ocultas en ese pesado baúl; tememos a la muerte, a el más allá, o quizás a la soledad.
Pero un dia el aire se acaba, al mismo tiempo que termina el descenso….y llegamos al fondo.
Un encuentro con nosotros mismos; reconocemos cierto ritmo latente, resulta que es nuestro corazón que desde hace un tiempo atrás no se escuchaba más. Luego debajo de las algas y los corales vemos el cofre, cerrado con la llave que sólo nosotros tenemos, basta tener el valor para intentar abrirlo; visto el largo viaje, nos atrevemos y resulta que esas memorias que tanto queríamos olvidar y reprimir no son tan terribles, no crecieron a nuestro paso, se quedaron tal cual las dejamos en aquella edad. Las recordamos, las observamos y las colocamos de la justa medida y lugar que merecen. Siempre la sorpresa de cartas sin abrir y otras que por tanta agua salada sus letras se han borrado ya; la calavera que como una carta más, es un recordatorio de ese inevitable juego de azar. El tiempo pasa, ya no hay nada más que temer, todo se ve con más claridad, la luz de la luna menguante nos avisa que es tiempo de regresar, que termino un ciclo y que hay otro encuentro por empezar.

El encuentro
Q6,000.00
En algunos momentos de nuestra vida nos atrevemos a ir un poco al fondo.
No a todos nos gusta; muchas veces tratamos de contener la respiración lo más que podemos para no hundirnos y estar a flote; creemos que es peligroso, queremos evitar llegar a esa parte oscura; nos da la sensación que ahí ya no hay oxígeno, que quien sabe que extrañas criaturas podemos encontrar; además seguro ahí están esas memorias ocultas en ese pesado baúl; tememos a la muerte, a el más allá, o quizás a la soledad.
Pero un dia el aire se acaba, al mismo tiempo que termina el descenso….y llegamos al fondo.
Un encuentro con nosotros mismos; reconocemos cierto ritmo latente, resulta que es nuestro corazón que desde hace un tiempo atrás no se escuchaba más. Luego debajo de las algas y los corales vemos el cofre, cerrado con la llave que sólo nosotros tenemos, basta tener el valor para intentar abrirlo; visto el largo viaje, nos atrevemos y resulta que esas memorias que tanto queríamos olvidar y reprimir no son tan terribles, no crecieron a nuestro paso, se quedaron tal cual las dejamos en aquella edad. Las recordamos, las observamos y las colocamos de la justa medida y lugar que merecen. Siempre la sorpresa de cartas sin abrir y otras que por tanta agua salada sus letras se han borrado ya; la calavera que como una carta más, es un recordatorio de ese inevitable juego de azar. El tiempo pasa, ya no hay nada más que temer, todo se ve con más claridad, la luz de la luna menguante nos avisa que es tiempo de regresar, que termino un ciclo y que hay otro encuentro por empezar.
- Artista: Eva Salazar
- Técnica: Electrografía, aguafuerte y aguatinta sobre papel de algodón Hahnemühle de 300 g
- Año: 2025
- Nacionalidad: Guatemalteca
- Dimensiones: Altura: 55 | Ancho: 55 | Profundidad: 4
Disponibilidad: 1 disponibles
| Artista | Eva Salazar |
|---|---|
| Técnica | Electrografía, aguafuerte y aguatinta sobre papel de algodón Hahnemühle de 300 g |
| Año | 2025 |
| Nacionalidad | Guatemalteca |
| Dimensiones | Altura: 55, Ancho: 55, Profundidad: 4 |
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